Almuerzo de casi fin de año

Tenía en el congelador una porción de callos (mondongo) con pata y morro

Tenía en el congelador de casa una porción de callos (mondongo) con pata y morro y decidí que había llegado el momento de liquidarlos. El esclavo que cuida los fuegos de ese “bistronomy” popular llamado Carmen Boedo me prometió que tendría unas papas fritas y decidimos que esos callos, con las papas y dos huevos fritos sería una buena entrada para un día de verano no demasiado caluroso. Un plato semejante, una copia diría sin temor a las consecuencias, preparan en Liebana, en los picos de Europa. En ese lugar casi inaccesible donde hace más de un milenio el Beato Abad escribió su comentario alucinado al apocalipsis

Pancho Ramos

Nací en La Plata en el siglo pasado y viví, desde 1976 hasta mediados del 92, en Madrid. Recién llegado a esa ciudad descubrí, de la mano de un amigo, las sutiles diferencias entre las diferentes variedades de pescados de roca: arañas, cepolas, cabrachos, gallinetas, rapes… Una lección inolvidable y el inicio de una pasión no siempre correspondida: amigos y gastronomía. No soy un foodie, tampoco un profesional. Sólo un cenador, viajado y con años de oficio.
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