La llegada de los Roca según Clarín

La llegada de los hermanos Roca a Buenos Aires ha aguzado la capacidad del periodismo argentino para los errores de bulto. Confundir lugares, gente o hipotizar sobre supuestas herejías es algo normal en los tiempos que corren.

Aprovechando que los hermanos Roca están de visita en Buenos Aires, una periodista del citado diario llamada Adriana Santagati, escribe una reseña (acompañada de fotos extraídas del Instagram de Joseph Roca, los tiempos no están para derroches) sobre el asado de bienvenida a los catalanes.

La reportera intenta enganchar al lector afirmando que Joan Roca propuso una “herejía”, salar la carne con salmuera. No voy a discutir el alcance ni el valor de la afrenta porque nunca fui partidario de los dogmas.

Pero me sorprendió que el texto mencionará varias veces, incluso algunas fotos intentan ilustrar el desaguisado, que la comida se había desarrollado en El Baqueano. Conozco la cocina del mencionado restaurante y puedo afirmar, con toda seguridad, que el horno a leña publicado no pertenece al espacio mencionado.

En otra foto se expone al grupo de asistentes al asado de bienvenida; el lugar mostrado, a pesar lo que se asegura la letra, tampoco existe en el Baqueano. Sorprende que no le haya llamado la atención a la periodista, pero en la foto de los comensales, tampoco en el texto, aparece mencionado el dueño del establecimiento: Fernando Rivarola.
Pero no pidamos peras al olmo, si se puede confundir Casa Arévalo con El Baqueano también es posible creer que esté último restaurante pertenece al Zorrito Von (me causa gracia la incorporación de la preposición) Quintiero y no a Fernando Rivarola. Son los tiempos modernos y ya lo cantó Discépolo: “No hay aplazaos ni escalafón…”.

Perro Borgia

Cocinero amateur. Capaz de complicar el proceso más simple ante la promesa de un resultado mejor. Mi masamadre tiene edad suficiente como para ir al jardín de infantes. Tengo una relación intensa con mi roner. Mi compulsión a comprar implementos me hace el feliz poseedor de un Searzall. Soy un hinchapelotas de la comida.
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